Los implantes dentales se han convertido en el tratamiento más seguro y cómodo para solucionar problemas de ausencia de dientes. Una vez colocado, el implante se fusiona con el hueso maxilar, proporcionando una fuerte sujeción frente a fuerzas externas como la masticación o el acto de desgarrar alimentos.

Antes de comenzar con el tratamiento de implantes dentales, es necesario que el implantólogo estudie de manera personalizada el caso de cada paciente para determinar cuál es la técnica adecuada antes de la intervención. En algunas ocasiones, los pacientes no presentan la base ósea necesaria para colocar el implante correctamente, por lo que es en estas situaciones cuando hay que realizar una elevación de seno.

 

¿Qué es una elevación de seno?

Una elevación de seno maxilar es una técnica quirúrgica llevada a cabo en implantología que permite aumentar la masa ósea de la arcada superior para la colocación de implantes dentales en la parte posterior de la mandíbula. Se trata de una de las técnicas más versátiles y la elegida en casos en los que existe falta de altura ósea en el maxilar.

 

Tipos de elevación de seno

Elevación de hueso cerrada o atraumática

Se lleva a cabo cuando falta poco hueso y tenemos al menos 5 mm de hueso remanente. Se realiza a través del lecho que deja la preparación del implante dental, utilizando unos instrumentos (periostótomos) que, por medio de unos ligeros golpecitos, logramos quebrar la cortical del suelo del seno, sin perforar la membrana (membrana de Schneider) que recubre todo el seno maxilar.

De esta forma nos queda el suelo del seno en forma de tienda de campaña, dándonos un espacio extra donde rellenar con hueso y alojar el implante.

Implantes dentales radiografía

 

Elevación de seno abierta

Se lleva a cabo cuando la distancia desde la base de la cresta ósea hasta el suelo del seno sea tan reducida (menos de 5 mm) que no permita la colocación del implante. Se realiza a través de la pared lateral del seno, creando una ventana de acceso por donde se introduce el hueso (hueso liofilizado bobino). Con sumo cuidado elevamos la membrana de Schneider para no dañarla, con la finalidad de conseguir el espacio necesario para añadir el hueso liofilizado mezclado con hueso propio, conseguido al fresar, entre la membrana y el suelo del seno.

Este injerto óseo sirve de inductor para la creación de hueso propio, lo que se consigue al cabo de seis meses. Durante ese tiempo, el hueso injertado se va reabsorbiendo dando paso a la formación del nuevo hueso de una gran calidad.

Normalmente y dependiendo de las condiciones previas del paciente, colocamos los implantes en el mismo acto quirúrgico, reduciendo así el tiempo de espera. De esta manera, los procesos de osteointegración de los implantes y de la transformación del hueso se producirían simultáneamente.